
Lola es pequeñita como el hueso de una cereza. Pero, al mismo tiempo, es grande, muy grande. Llena todos los espacios, ocupa todos los minutos, acapara todas las miradas. Tanto que a veces tengo la impresión de que Lola no es una sola persona, sino tres.
Una es la que ha vivido nueve meses en mi barriga, a la que sentía moverse por las noches y tener hipo; la misma que, de vez en cuando, me sorprendo echando de menos.
Otra es a la que van dirigida mis cartas. Desde que supe que estaba embarazada empecé a escribirle cartas a esa Lola que me imagino adulta, mayor.
Y la tercera es la que me mira desde su cunita mientras escribo estas palabras. La que duerme casi todo el día y la noche, la que huele a cosas dulces y sonríe cuando le acaricio la cara.
Una amiga me dijo una vez que los bebés escogía a sus padres y, si eso es verdad, me alegro que Lola nos haya escogido a nosotros porque no podemos ser más felices con ella.
Seguramente ahora actualizaré menos pero siempre que pueda me escaparé por aquí para contaros como sigue nuestra vida con la pequeña Lola.
Un beso y buen miércoles.